El secuestro y la desaparición de niños

Los intentos de secuestro de niños, sobre todo de niñas y preadolescentes, se multiplican. Una madre denunció el intento de rapto de su hija de dos años, una adolescente de catorce años la intentaron introducir en un coche cuando salía del conservatorio. Estos son algunos de los relatos que se escuchan...

En los últimos años han desaparecido muchos niños. Y en su mayoría fueron hallados muertos, asesinados. Más de la mitad de los casos siguen abiertos. Los investigadores están desbordados. La principal hipótesis con la que trabajan es con el caso Madeleine Mc Cann, la desaparición más mediática de la historia reciente, ha provocado un “efecto llamada” en la mente enferma de pedófilos de todo el mundo. Los expertos aseguran que Internet despertó sus instintos y les ayudó a reunirse en comunidades, saliendo de su ostracismo habitual. Ahora, al parecer y desgraciadamente, han pasado a la acción.

Alrededor de 10.000 personas desaparecen cada año en un solo país, más de la mitad regresan a sus hogares para alivio de sus familiares, pero otro tanto por ciento, jamás aparece. Son más de 2.500 los casos de desapariciones que se quedan sin resolver. Para estos familiares, sólo existe la agonía y la esperanza de saber que los que han desaparecido siguen con vida. Sin embargo, es un trago amargo levantarse cada día con ese sentimiento de no saber. Mientras, en los cementerios, se acumulan, cada año, restos de cadáveres sin identificar.

En el caso de niños y adolescentes todo se vuelve más turbio, siniestro y triste. Los casos de niños desaparecidos en España se producen por secuestro familiar o huidas de los mismos. Algunos, incluso, vuelven a su casa por su propio pie como si tal cosa. Pero, la otra realidad es mucho más cruel. Es el caso de niños y niñas secuestrados, víctimas de actos de violencia criminal, relacionado con drogas, prostitución o ajuste de cuentas entre bandas. Estos seres indefensos de nuestra sociedad desaparecen un buen día sin dejar rastro alguno. Para sus familias solo queda la esperanza eterna de pensar: ¿volverá algún día?

El caso que ha causado más expectación entre la población durante el último año se llama Madeleine. La niña inglesa, que desapareció sin dejar rastro el 3 de mayo de 2007 en Praia da Luz, en el Algarve portugués, sigue hoy perdida. Sus padres, Gerry y Kate McCann, han removido cielo y tierra para encontrar a la pequeña, pero todos los esfuerzos han sido en vano.

Los más buscados, se recibieron más de 400 solicitudes para colaborar en la búsqueda del pequeño mandando su fotografía a través del móvil. Esto fue posible gracias a la Alerta Ámbar lanzada desde el programa, esta iniciativa norteamericana nació tras la desaparición y el asesinato de una niña de nueve años, Amber Hagerman, en Texas en 1996. La Alerta Ámbar también ha sido demandada por los padres de la pequeña Madeleine. El sistema opera como una advertencia de condiciones climáticas, con mensajes emitidos en radio, televisión y en las señales de tráfico cuando desaparece un niño, implicando a policías, autoridades fronterizas y transportes, servicio nacional de meteorología y medios de comunicación, cuyo principal objetivo es facilitar la cooperación de las autoridades de los distintos Estados miembros desde el momento en que desaparece un menor y prevenir así que sus posibles captores se valgan de las fronteras internas de la Unión Europea (UE) para escapar.

Este sistema ha ayudado a encontrar en Estados Unidos, desde 2003, a más de 400 niños, la mayoría de ellos, en las primeras 72 horas. En Europa, donde unos 130.000 niños desparecen cada año, sólo Francia y Bélgica disponen de un sistema parecido. Asimismo, se aboga por la creación de una organización común europea especializada en secuestros de niños para asistir a las autoridades nacionales de cada país.

Recientemente, el caso de la adolescente de Sevilla (España), Marta del Castillo, ha conmocionado a todos los españoles. La joven de 17 años que desapareció el pasado 24 de enero de 2009, se ha sumado ya a los muchos casos de desaparecidos que conforman la larga lista en España. Junto a ellos, destaca el caso de Mari Luz Cortés, la niña onubense hallada muerta en la ría onubense 54 días después de su desaparición.

Otros casos tienen final feliz, como la conocida Natasha Kampusch, esta niña austriaca, que desapareció el 2 de marzo de 1998, sufrió el ya conocido síndrome de Estocolmo, al no reconocer como culpable a su secuestrador. Milagrosamente, y tras diez años de angustiosa espera, la niña apareció sana y salva el pasado 23 de agosto de 2006. Lo mismo ocurrió con Aída Domínguez García, desaparecida en Orense (España) el 13 Noviembre de 2001. Esta joven de 13 años, fue hallada el 21 de enero de 2002 en un camping de Marbella sana y salva, tras huir, sin avisar a su familia, con su profesor de música. Inter-SOS, una de las asociaciones que se dedica a los desaparecidos en España, colaboró y, gracias a su intervención, la joven fue localizada.

Según una encuesta realizada a personas de entre 16 a 60 años, el tema se encuentra entre los primordiales “porque es angustioso”, puesto que se trata de “seres indefensos”. Además, los encuestados proponen la elaboración de un plan de trabajo del Gobierno, para así solventar estos problemas más rápidamente, y para ello plantean la unión de todas las fuerzas, tanto nacionales como internacionales, y la disposición de todos los recursos, para acabar, así, con la angustia de las familias. No obstante, algunos encuestados piensan que las asociaciones poco pueden hacer, más que prestar ayuda psicológica e informar sobre los casos de los desaparecidos. Cabe destacar que el sector más joven de los encuestados opina que las generaciones futuras, tenderán a ser más proteccionistas con sus hijos ante las situaciones escuchadas en los medios de comunicación, para evitar así, situaciones inquietantes.

Estos pequeños, víctimas de secuestros familiares, o desaparecidos en general, son reclamados por sus seres queridos, para así poder terminar con la terrible angustia de levantarse cada día pensando si estarán vivos, muertos, torturados o quién sabe qué más. Ojala, y como ocurre en las películas o los libros, los finales de la vida real fueran felices, pero no siempre ocurre así. Esperemos que la sociedad cambie, y las injusticias terminen.